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martes, 26 de noviembre de 2024

La División Peruana en la batalla de Ayacucho

I. INTRODUCCIÓN:
La batalla de Ayacucho tuvo lugar el 9 de diciembre de 1824 en la pampa del mismo nombre, cerca a la población de Quinua. Durante la lucha, la contribución de la División Peruana bajo el mariscal José de La Mar fue fundamental para el éxito de la acción, sosteniendo el ataque de la división que comandaba el intrépido Mariscal de Campo Jerónimo Valdés.
Sin embargo, preguntas fundamentales sobre esta gran unidad han quedado en el aire: ¿Quiénes fueron estos patriotas? ¿De dónde venían? ¿Cómo fue que terminaron integrando las filas del Ejército Unido Libertador? ¿Qué sucedió con ellos luego de la guerra? Estas cuestiones serán abordadas en el presente trabajo, con la intención de presentar algunos alcances para un estudio mayor.
Para lograr tener noticias sobre la División Peruana, hemos recurrido a la documentación que cronológicamente se desarrolla entre mediados de 1823 hasta los prolegómenos de la batalla de Ayacucho. Para ello se ha dispuesto de documentación tanto de la Colección Documental del Sesquicentenario de la Independencia del Perú, como de nuevos documentos publicados sobre el desarrollo de la guerra de la independencia en provincias (Espinoza, 2021). A estos documentos se han añadido diversos trabajos de investigación referidos a las campañas de Junín y Ayacucho. Para visualizar su posterior desenvolvimiento en la historia del Perú de los años posteriores, se han consultado diversos trabajos sobre los veteranos de la batalla de Ayacucho. Con toda esta información, se ha procedido a describir los inicios de la conformación de la División Peruana, una breve reseña de su comandante, el desenvolvimiento de la gran unidad en la batalla de Ayacucho y finalmente, el lugar prominente que ocuparon en la sociedad peruana después de la guerra.

II. LA FORMACIÓN DE LA DIVISIÓN PERUANA:
Hacia febrero de 1823, el presidente José de la Riva Agüero, quien tomara el poder luego del motín de Balconcillo, desplegó una gran actividad para conformar un ejército con el que pudiera dar batalla a los españoles. A mediados del mes de mayo, con el apoyo conseguido tras un préstamo de Inglaterra, Riva Agüero logró despachar este nuevo Ejército en la conocida como Segunda Campaña a Puertos Intermedios, al mando del general Andrés de Santa Cruz. En la retaguardia, en la ciudad de Lima, no dejó suficientes unidades de reserva con las que pudiera hacer frente ante un eventual avance de José de Canterac, como finalmente sucedió. Es así que en junio de ese año, las fuerzas españolas estaban nuevamente a las afueras de Lima. El gobierno optó por retirarse hacia la fortaleza del Callao donde permaneció algunas semanas, hasta que se inició la disputa entre el Congreso y el presidente José de la Riva Agüero. Como resultado de esta situación, el Congreso terminó destituyendo al primer presidente del Perú quien decidió marchar al norte sin renunciar a su investidura. Ya instalado en el departamento de Trujillo, Riva Agüero orientó sus esfuerzos en crear unidades del Ejército con las cuales pudiera hacer frente ante una persecución de los españoles. En este sentido, reunió algunas unidades milicianas de infantería y caballería patriotas, que se habían creado en época de predominio español. Así también contó con el apoyo de una pequeña flota naval que le daba la supremacía en el mar para continuar la guerra.
A la llegada del Libertador Simón Bolívar, en setiembre de ese mismo año, José de la Riva Agüero comprendió que su liderazgo en la capital quedaba en entredicho. Las noticias del fracaso de la Segunda Campaña a Puertos Intermedios en el mes de octubre, no hicieron más que terminar de hundir su prestigio. En vista de ello, el Congreso otorgó la responsabilidad del manejo de la guerra al general caraqueño, así como también la de culminar con la rebelión de Riva Agüero, quien por su parte se preparaba para una nueva lucha. Según la versión de su abogado José María Novoa, Riva Agüero escalonó su ejército entre Huaraz y Trujillo para impedir que el Libertador se acercara hacia él, ya que sería desgastado en el camino por sus leales unidades (Espinoza, 2006). Por su parte, el Libertador emprendió una campaña en contra de Riva Agüero, con una fuerza de 2000 efectivos. Luego de unas frustradas negociaciones en Pativilca, Bolívar tomó el camino de la sierra, evitando la supremacía naval que tenía Riva Agüero en la costa. Luego de llegar a Huaraz, y reconociendo lo difícil de la geografía de los andes emprendió, el viaje en dirección norte. En el camino, recibió noticias que diversas unidades de infantería de Riva Agüero, que al mando de los coroneles Remigio Silva y Ramón Novoa se preparaban a hacerle frente. Sin embargo, al aproximarse las fuerzas de Bolívar, los oficiales optaron por dispersarse sin luchar, disolviendo sus batallones. Hacia el mes de diciembre de 1823, el Libertador ya se había hecho con el control de estas fuerzas, y se hallaba cerca de Cajamarca. En esta ciudad encontró restos del regimiento de Tiradores de la Guardia (500 efectivos) que recibió de sus jefes, los tenientes coroneles Ramón González y José Tellería. A pesar de que el efectivo de este regimiento era de 1600, solo se contaba con alrededor de la tercera parte en esta ciudad.
Para cohesionar a estos soldados para la nueva causa, el Libertador recurrió a un evento del pasado, a un hecho doloroso del fin de los días del poder de los incas: La ejecución del soberano inca, Don Francisco Atahualpa (como fue bautizado antes de su muerte). De esta manera, el 15 de diciembre se dispuso a pasar revistas de estas fuerzas, con una ceremonia inusual.
Para ello, el libertador ordenó que las tropas formaran frente a la cruz de piedra, donde tradicionalmente se señalaba el lugar de la muerte del inca, acaecida el 26 de julio de 1833. En este escenario, frente a los 500 soldados del regimiento, el Libertador, hizo un despliegue de su elocuencia para explicar la trascendencia de la nueva tarea que iban a realizar. Evocando lo sucedido durante la Conquista, el general invocó a vengar la muerte del soberano de estas tierras, casi trescientos años atrás. De esta manera, se dispuso a tomar el siguiente juramento: “¡Jurad todos, todos, como yo juro, por esta Cruz y por las cenizas del gran Atahualpa, morir por la independencia del Perú!”. La exaltación por la referencia a esta historia de antaño, símbolo del inicio del dominio español en el Perú, hizo que las tropas respondieras al unísono: “¡Lo juramos! ¡por Dios y por la Patria, lo juramos! (Espinoza, 2006, p.243).
A continuación, durante las siguientes semanas, el Libertador se empeñó en dotar a esta fuerza de suministros y de un mayor número de reclutas. Como lo señaló en sus cartas de los meses noviembre de diciembre de 1823, el estado de las tropas peruanas que había hallado en su camino a Cajamarca, era lamentable. Muchos hablaban mal el castellano, vestían mal el uniforme y su desplazamiento de orden cerrado dejaba aun muchas dudas sobre su desempeño. Quizá lo más rescatable de estas tropas, eran sus jefes, que eran criollos de mucho carácter, patriotismo, entusiastas y de un buen criterio moral, con una férrea ambición por la causa de la patria, antes de fijarse en ambiciones económicas o jerárquicas (Espinoza, 2021, p. 260). En esos días, era difícil visualizar en estas fuerzas los soldados que brindarían las victorias de Junín y Ayacucho.
Una de las disposiciones que el Libertador adoptó para la preparación de la División Peruana, fue que se mantuviera alejada de las tropas comandadas por los españoles en el centro del Perú. Para ello, la división se asentó entre Cajamarca, Cajabamba y Huamachuco. Para el comando de esta fuerza, el Libertador convocó al general José de La Mar, a quien ya conocía por correspondencia y de referencias dados por el mismo general don José de San Martín. En opinión del Libertador: “La Mar es el mejor hombre del mundo, porque es tan buen militar como hombre civil. Es lo mejor que yo conozco” (Lecuna, 1929, p. 307). Es así que hacia el mes de mayo de 1824, la división peruana recibió el mando del Mariscal José de La Mar, y se preparó para su desplazamiento hacia el centro del país.

Presidente José de La Mar, presidente del Perú
 Museo de Arqueología, Antropología e Historia del Perú

III. ORDEN DE BATALLA Y ORGANIZACIÓN DE LA DIVISIÓN PERUANA
Para el mes de junio de 1824, la División Peruana estaba compuesta por alrededor de 1300 hombres, divididos en batallones de infantería:
      División Peruana
1. Batallón “Legión” – José María Plaza
2. Batallón N° 1 – Francisco de Paula Otero
3. Batallón N° 2 - Ramón Gonzáles
4. Batallón N° 3 – Miguel Benavides
5. Montoneros de Marcelino Carreño
El Ejército Unido Libertador, bajo el mando del general Sucre, estaba organizado en cuatro divisiones. Al general La Mar, le correspondía sostener el ala izquierda de la línea patriota, cubriendo así los flancos de las tropas aliadas. Además de su responsabilidad en la defensa, la División Peruana estaba lista para tomar la ofensiva en caso de que surgiera la oportunidad de desbordar las posiciones enemigas.

IV. LA DIVISIÓN PERUANA DURANTE LA BATALLA DE AYACUCHO:
Durante la Batalla de Ayacucho, la División Peruana cumplió un papel determinante en el enfrentamiento contra las fuerzas realistas, que eran superiores en número y contaban con una posición defensiva favorable. Su rival directo era la división comandada el Mariscal de Campo Jerónimo Valdés, quien tenía a su mando los batallones Centro, Cantabria, Castro y 1° del Imperial. Esta fuerza estaba apoyada por dos escuadrones de Húsares de Fernando VII y por cuatro piezas de artillería de montaña. Es decir contaba con el desempeño de las tres armas y era mucho más que una división, era un cuerpo de Ejército. En la víspera, esta unidad se encontraba ubicada frente a los patriotas, por lo que su itinerario y objetivo habían sido debidamente reconocidos.
De esta manera, hacia las diez de la mañana del jueves 9 de diciembre de 1824, se iniciaba la revista previa a la batalla por parte del general en jefe Antonio José de Sucre. La tradición cuenta que al acercarse a la división peruana, y reconociendo a algunas de sus unidades exclamó:
"¡Batallón número 2!
Me acompañasteis en Quito, vencisteis ·en Pichincha y disteis la libertad é1 Colombia. Hoy me acompañáis en Ayacucho; ¡También vencereis y dareis libertad al Perú, asegurando para siempre la independencia de la América!".
"¡Legión peruana, si fuisteis desgraciada en Torata y Moquegua, salísteis con gloria y probasteis al enemigo vuestro valor y disciplina; hoy triunfareis y habreis dado libertad a vuestra patria y a la América”! (Pereyra, 1975, p.77).
Así, el mismo Mariscal La Mar tuvo ocasión de dirigirse al general Sucre: "Señor general, en este campo que yo he escogido triunfaremos antes de la una de la tarde; y aquí tomaremos una copa por las glorias que tendremos" (Pereyra, 1975, p.77).



Llegada la hora de la batalla, las fuerzas de Valdés iniciaron el ataque. Su combinación de infantería, caballería y artillería hizo retroceder a los patriotas que fueron diezmados por el empuje de experimentados combatientes. La pequeña edificación en la cual se habían parapetado los peruanos, al lado izquierdo del campo de batalla, fue tomada. La división peruana tuvo que retroceder, empujados hacia el centro y en dirección a los barrancos. La batalla parecía favorecer al esfuerzo combinado del ataque realista.
La oportuna embestida de la caballería patriota de Marcelino Carreño dio tiempo a la División peruana para reorganizarse, formándose para realizar una cargar en repuesta, que no dio resultado. Al tener noticia del problema, el general Sucre decidió enviar al batallón Vencedor en apoyo de la División Peruana, dejando como reserva a los batallones Vargas y Rifles.
Mientras el resto de la acción se desarrollaba en la pampa de Ayacucho, la lucha contra Valdés no cesó por un espacio de tres horas. Solo cuando el general español observó que era atacado por el resto de unidades patriotas, desde diferentes flancos, cayó en cuenta que todo estaba perdido. Aproximadamente a la una de la tarde, Valdés decidió retirarse con los restos de su gran unidad mientras era perseguidos por División Peruana de La Mar y las fuerzas del general Jacinto Lara.
El esfuerzo combinado de los patriotas, y en especial la actuación decisiva de la División Peruana, resultó en una victoria completa para el ejército de Sucre.


General Antonio José de Sucre en la batalla de Ayacucho
                                     Museo de Arqueología, Antropología e Historia del Perú


V. EL LEGADO DE LA DIVISIÓN PERUANA:
La actuación de la División Peruana en la Batalla de Ayacucho no solo fue fundamental para el resultado, sino que también dejó una profunda huella en la historia del Perú y en la construcción de la identidad nacional. La victoria consolidó la independencia del Perú y permitió a la nación emerger como un estado soberano en América Latina.
El prestigio de los peruanos que lucharon en Ayacucho fue de enorme importancia en los años siguientes. Muchos de los que pelearon en esta gesta fueron jefes de Estado. Tal fue el caso de La Mar, Agustín Gamarra, Felipe Santiago Salaverry, Juan Antonio Pezet, Rufino Torrico, Pedro Bermúdez, Ramón Castilla, Manuel Ignacio de Vivanco y Miguel de San Román. Otros fueron figuras importantes dentro de la política en diferentes entidades del Estado. Su presencia en actos públicos, dignificaban los actos ceremoniales recibiendo siempre la consideración por su sacrificio en la emancipación.
El Mariscal José de La Mar, continuó siendo una figura destacada en la historia peruana. Posteriormente, llegó a ser presidente de la República entre1827 y 1829. Durante su mandato, se dio a la tarea de reconocer y recompensar a muchos de los que pelearon con él en Ayacucho. De su gobierno proceden algunas de las disposiciones legales que favorecieron a todos los que actuaron en la guerra. Incluso defendió el regreso al Perú de los soldados que habían engrosado las filas de los batallones colombianos, lo que constituyó en uno de sus reclamos al Libertador Simón Bolívar, sumándose a las tensiones que empezaron a surgir entre el Perú y la Gran Colombia que desencadenaron en el conflicto que marcó el final de su gobierno.

VI. CONCLUSIONES:
La División Peruana bajo el mando del Mariscal José de La Mar fue una pieza clave en el éxito de la Batalla de Ayacucho y, por ende, en la independencia de Perú y Sudamérica. Como hemos podido expresar en este artículo, la conformación de esta división fue bastante reciente en comparación de las unidades experimentadas extranjeras. El desgaste que sufrieron las fuerzas peruanas en las campañas a intermedios redujo significativamente el poder disuasivo del ejército peruano en 1823, pero fue la reorganización y conformación de la División Peruana, dirigida inicialmente por el Libertador Simón Bolívar, que pudo reunir una fuerza capaz de estar a la altura del nuevo sacrificio, que se realizó en la última campaña militar por la independencia. También es importante señalar que las unidades extranjeras recibieron cantidades importantes de soldados peruanos, tanto de infantería como caballería, lo cual sigue sumando en apoyo de la abrumadora fuerza peruana en la contienda.
EL Mariscal José de La Mar tuvo un rol protagónico en la dirección de la gran unidad peruana. Sin lugar a dudas, su experiencia militar y su prestigio fueron reconocidos por líderes como San Martín y Bolívar, lo que le brindó la gran oportunidad de dirigir las fuerzas peruanas en la campaña. Durante la batalla de Ayacucho, La Mar hizo frente al mejor general del ejército realista, quien fuera galardonado por ser vencedor de las campañas a intermedios, salvo en la acción de Zepita. De alguna manera, es simbólico que fuera el rival directo de las fuerzas patriotas, reencontrándose con un enemigo que ansiaba cobrar una revancha, como finalmente sucedió.
VII. REFERENCIAS:
Dellepiane, C. (1965) Historia Militar del Perú. Tomo Primero. Imprenta del Colegio Militar Leoncio Prado.
Espinoza, W. (2006) Bolívar en Cajamarca. Universidad Ricardo Palma/Editorial Universitaria.
Espinoza, W. (2021) La Independencia del Perú en provincias. Lo que sucedió día a día en Cajamarca, Chota y Cajabamba, volúmenes I y II. Universidad Ricardo Palma/Editorial Universitaria.
Gayoso, B. (1938) Los grandes mariscales del Perú. Imprenta del Ministerio de Guerra.
Lecuna, V. (1929) Cartas del Libertador. Lit. y tip. del comercio.
Pereyra, H. (1975) Las campañas de Junín y Ayacucho. Editorial Jurídica S.A.
Paz Soldán, M. (1870) Historia del Perú Independiente. Proyecto Especial Bicentenario de la Independencia del Perú
Sobrevilla, N. (2021) Independencia. A 200 años de la lucha por la libertad. Penguim Random House.
Vargas, R. (1966) Historia General del Perú T. VI. Carlos Milla Batres.

martes, 24 de septiembre de 2024

General Paul Clément (1860 - 1925)

El general de brigada Paul Clément fue un destacado oficial de artillería del ejército francés. Llegó al Perú en noviembre de 1896, liderando la primera misión militar francesa, contratada por el Estado Peruano para la modernización del Ejército. 

Desde su llegada a nuestro país, consideró fundamental la formación completa y profesional del oficial por lo que promovió la fundación de la Escuela Militar de Aplicación, que luego se convirtió en la Escuela Militar de Chorrillos "Coronel Francisco Bolognesi". Fue su primer director entre 1898 y 1900. 

Porteriormente asumió el cargo de Jefe de Estado Mayor del Ejército entre los años 1906 y 1910. Un segundo periodo se produjo cuando, al ganar la primera guerra mundial, regresó al continente dando coferencias sobre la contienda, decidiéndose casar y vivir el resto de sus años en el Perú. 

La destacada labor que cumplió en el país se extendió en diferentes intervalos hasta 1925, año en el que falleció mientras ejercía el cargo de Jefe de Estado Mayor General del Ejército.

Lamentablemente su descendencia no se prolongó en el tiempo, perdiéndose la familia por descendencia directa. Sin embargo, la familia de su esposa, Isabel Rodrigo del Mazo, mantuvo el recuerdo del parentesco con el militar francés, permitiendo que el ascendente familiar se conserve en el recuerdo de sus descendientes.




lunes, 16 de septiembre de 2024

Mariscales del Perú

Durante la guerra de la Independencia, el libertador Don José de San Martín creó el Grado de Gran Mariscal de los Ejércitos del Perú para establecer la máxima jerarquía militar en el naciente país.

Esta alta distinción fue otorgada a los oficiales tanto por su destreza en el campo de batalla, como por su aporte a la construcción del nuevo país.  

Sus orígenes fueron diversos, algunos descendientes de la nobleza y otros ascendieron desde las filas del ejército. Unos fueron nombrados durante la época de las guerras de emancipación, mientras que otros terminaron alcanzando el máximo grado durante las primeras décadas del Perú independiente. Posteriormente, algunos militares se destacaron durante las guerras por la delimitación territorial, alcanzando la máxima jerarquía por su genio en batalla.

De los 27 grandes mariscales, 15 fueron peruanos, 3 argentinos, 3 chilenos, 2 españoles, 1 inglés, 1 venezolano, 1 ecuatoriano y 1 boliviano.

Este es el listado cronológico de los oficiales que han alcanzado el grado de Mariscales del Perú.

1. Mariscal Bernardo o´Higguins - 2 de setiembre de 1821

2. Mariscal Toribio de Luzuriaga – 22 de diciembre de 1821 (fundador de la orden del sol).

  3. Gran Mariscal de los Ejércitos Nacionales José Bernardo Torre Tagle – 22 de diciembre de 1821. 

4. Mariscal Pedro José Zárate y Navío – Marqués deMontemira - 1821

5. Mariscal José de La Mar – 22 de marzo de 1822

6. Mariscal Juan Antonio Álvarez de Arenales – 1822

7. Juan Gregorio de las Heras - 1821

8. Mariscal Luis de la Cruz y Goyeneche

9. Mariscal José de la Riva Agüero 

10. Mariscal Rudecindo Alvarado 

11. Gran Mariscal Andrés de Santa Cruz - 25 de agosto de 1823 "Mariscal de Zepita"

12. Mariscal Antonio José de Sucre - 9 de diciembre de 1824 "Mariscal de Ayacucho"

  13. Mariscal Agustín Gamarra – 6 de julio 1828 "Mariscal de Piquiza"

  14. Mariscal Guillermo Miller - 1834

    15. Mariscal Mariano Necochea – 1834

    16. Mariscal Blas Cerdeña –  7 de mayo de 1835

    17. Mariscal Luis José Orbegoso – (1836) Decreto de la asamblea de Sicuani

    18. Mariscal Felipe Braun - 24 de junio de 1838 "Mariscal de Monenegro"

18. Gran Mariscal Manuel Bulnes – 20 de febrero de 1839 "Mariscal de Yungay"

19. Gran Mariscal Juan Bautista Eléspuru – 20 de febrero de 1839 "Mariscal de Yungay" (muere el 23 de febrero)

20. Antonio Gutiérrez de la Fuente - 17 de octubre 1842 batalla de Agua Santa

21. Mariscal Domingo Nieto – 17 de octubre de 1842 batalla de Agua Santa

22. Miguel de San Román – 1843 por victoria en batalla de Carmen Alto

23. Mariscal Ramón Castilla y Marquesado - 13 de octubre de 1845

24.  Mariscal del Perú Andrés Avelino Cáceres -  10 de noviembre de 1919

25.  Mariscal Óscar Benavides – 1940

26. Mariscal Eloy Ureta Montehermoso – 28 de mayo de 1846

27. Coronel Francisco Bolognesi Gran Mariscal del Perú – 30 noviembre de 1989 

 


Bastón del Mariscal Eloy Ureta
Imagen: Museo de Oro del Perú

Sin embargo, es importante resaltar que hubieron algunos guerreros excepecionales que bien merece la pena ser nominalmente resaltados:

- Felipe Santiago Salaverry

- Juan Francisco Vidal La Hoz 









viernes, 6 de septiembre de 2024

La tragedia de los vencedores de Zepita

Luego de la Segunda Campaña a Puertos Intermedios (1823) en que las fuerzas peruanas realizaron un largo desplazamiento de repliegue en la conocida como "Campaña del Talón", lograron llegar a la costa de Moquegua embarcándose en el puerto de Ilo en octubre de 1823. Los restos de la infantería lo hicieron en el navío Monteagudo, mientras la caballería navegó en la fragata Mackenna. Según narra en sus memorias el Gran Mariscal Luis José de Orbegoso, los jefes y oficiales de ambas embarcaciones habían expresado su intención de sublevarse, al enterarse que iban a ser redirigidos hacia al puerto de Arica, a reunirse con una división chilena que venía en apoyo. El general Santa Cruz, que se encontraba al mando, se limitó a advertir que no lo hicieran, pero una vez que el general salió en dirección al sur, se produjo la sublevación. El amotinamiento hizo que los citados navíos se pusieron en dirección al Callao y no a Arica, como se les había ordenado. En estas circunstancias el navío Monteagudo logró llegar al primer puerto, mientras que la fragata Mackenna, fue capturada por un navío de guerra español (posiblemente por el corso al mando del navío General Valdés) y luego enviada a isla de Chiloé. Lamentablemente, en el trayecto, la fragata naufragó liquidando a una generación de la caballería patriota[1] que había vencido en la batalla de Zepita y había hecho muchos esfuerzos en proteger el repliegue de las tropas peruanas. Salvo algunos de los jefes u oficiales de los Húsares de la Legión que no se encontraron en esa embarcación, esta unidad prácticamente desapareció. Estos últimos alcanzaron reincorporarse al Ejército Unido Libertador y otros, como los del primer escuadrón que no marcharon al sur durante esta campaña (teniente coronel Isidoro Suárez) se concentraron en la sierra norte en los meses siguientes, para preparar la campaña final por la independencia en Junín y Ayacucho.

DECRETO DE LA MEDALLA DE LA BATALLA DE ZEPITA

El General en Gefe del Ejército libertador del Sur del Perú

Atendiendo á la brillante comportacion de los cuerpos del Ejército en la jornada del 25 del                     presente á las inmediaciones de Zepita; he tenido á bien decretar lo siguiente:

Artículo 1: "Los escuadrones segundo y tercero del regimiento de Húsares, que por su bravura en las cargas respectivas han decidido la victoria, llevarán en lo sucesivo el renombre de Vencedores de Zepita, disfrutando la cinta del pabellón con el primer premio de siete y medio reales mensuales sobre su haber todos los individuos de tropa.

Art. 2° Los heridos de la misma clase de todos los cuerpos gozarán de igual gracia.

Art. 3" El capitán D. José Morante, de la primera compañía del segundo escuadrón, que herido en el campo de batalla, conduciéndose como un bravo, ha fallecido ayer de resultas de la herida, se declara benemérito de la patria en grado eminente. Su compañía llevará en adelante el nombre de dicho capitán, quien pasará revista como presente. Su familia percibirá el sueldo que le corresponde. .Si tiene hijo varón será desde luego considerado oficial del regimiento de Húsares.

Art. 4° Los escuadrones Vencedores de Zepita y la parte de los cuerpos que han coadyuvado á la victoria hallándose presentes en el campo de batalla, llevarán por distintivo una medalla en figura pentagonal, pendiente de la cinta nacional; los señores jefes y oficiales de oro, los primeros con dos laureles sobre los costados superiores, los segundos sencilla y los individuos de tropa de plata, ambas en el anverso con esta inscripción: 

«EN LA CUNA DE LOS TIRANOS LABRÉ SU SEPULCRO»

y en el reverso, los escuadrones Vencedores:

« AL VALOR DE LOS HÚSARES DE ZEPITA»

y los demás cuerpos:

«ZEPITA, 25 DE AGOSTO DE 1 823»

En consecuencia de lo cual, hágase saber al Ejército por Orden General, imprimiéndose este decreto en la Gaceta del mismo para la satisfacción, y dándose cuenta al Gobierno del Estado para la aprobación. Dado en el Cuartel General del Desaguadero, A 2S de Agosto de 1S23—4" de la libertad de Perú.

Andrés de Santa Cruz.

Historia de los premios militares ( T. III pg. 95 - 96


Imagen: https://museogarcilaso.culturacusco.gob.pe/mediaelement/pdf/catalogos/2020/MEDALLAS_Y_EMBLEMAS_DEL_ANTIGUO_PERU.pdf 


[1] La información sobre esta catástrofe refiere que en la fragata Mackenna viajaban 300 Húsares de de la Legión, así como sus jefes y oficiales. El capitán Soulanges se encontraba entre sus tripulantes. Oficiales como el coronel Federico Brandsen.

Combate de Chunchanga, 29 de diciembre de 1822

Como parte del apoyo a la Campaña a Puertos Intermedios, el 29 de diciembre de 1822, en el valle de Chunchanga (Pisco) se encontraba una compañía de 50 húsares de la legión al mando del capitán  Correa. A muy tempranas horas tuvieron conocimiento que el coronel Barandalla con 200 jinetes de los escuadrones de San Carlos y Dragones de Lima, mas dos compañías de infantería se acercaban para sorprenderlo y batirlo. Casi de inmediato tuvieron noticia que estos efectivos se encontraban cruzando el río Pisco por el vado de la hacienda Casa – Concha, muy cerca de la posición de los patriotas. Sin embargo, los húsares aguardaron formados en batalla la llegada del enemigo. El desprecio español por su superioridad numérica hizo con el teniente del escuadrón San Carlos se acerque a distancia de media cuadra con las siguientes palabras: “Ríndete Correa, que tomarás partido. Soldados echar pie a tierra, sois perdonados[1]”.  Ante ello, el valiente capitán Correa respondió “Húsares, a vengar el ultraje que nos hace el infame”. De esta manera, los húsares procedieron con una carga sobre el enemigo que no pudo reaccionar a tiempo, siendo arrollados y dispersos, retrocediendo hacia el vado del río donde buscaron la protección de la infantería. El saldo de este encuentro fue de 20 muertos y un prisionero realista. Se considera que el número de heridos debió triplicar esta cifra. El capitán correa persiguió a los realistas hasta el paso del vado, pero viendo lo estrecho que se hacía, evitó continuar por temor a exponerse a una emboscada de la infantería.

Posteriormente a la persecución el capitán Correa ordenó el retiro para unirse al escuadrón liderado por el teniente coronel Isidoro Suárez. Las pérdidas patriotas en esa jornada fue la del húsar Atanasio Acuña, más otros cuatro heridos. En la acción se distinguieron los sargentos Navarrete y Frías, el cabo Calderón y los húsares Baras, Calderón y Rodríguez.

Por ambas acciones, la de Caucato y Chunchanga, la Suprema Junta Gubernativa reconoció el desempeño de los húsares de la Legión y mediante decreto del 18 de enero de 1823 concedió el uso de un escudo para el uso en el uniforme tanto a los oficiales como soldados. Esta forma de retribución, como hemos visto fue heredada del Protectorado de don José de San Martín.



[1] Parte de Federico Brandsen. Gaceta del Gobierno del Perú N°1 del 1 de enero de 1823.CDIP, T. VI V. 6, pg. 149.


El combate de Caucato, 2 de noviembre de 1822

En noviembre de 1822, dos meses después de la retirada del Protector del Perú, el coronel Pedro Raulet, comandante general de la costa del Sur, envió al mayor Luis Soulanges[1] hacia Chincha Alta, donde tuvo noticias de la presencia del coronel Rodil, en Chunchanga. En base a esta información el mayor Soulanges decide partir con la compañía de húsares que tenía a su mando junto a 40 milicianos. El 1 de noviembre de ese año llegó a la hacienda de Caucato a las 3 de la mañana donde decide descansar con sus efectivos. Al amanecer, el mayor Soulange decide avanzar hacia Pisco con un pelotón de 27 jinetes, dejando al teniente don Melchor del Valle con otros 3 pelotones, y 40 milicianos armados en la hacienda, con la misión de vigilar los caminos que llegan desde el este por donde podían ser sorprendido (Cóndor y Pampas). 

Sin embargo, la falla en la guardia no se percató que las fuerzas del coronel Rodil se encontraban al este, viniendo desde Humay (a 35 km de distancia) con el escuadrón San Carlos, Dragones de Lima, la compañía de cazadores del 2° batallón del Regimiento Real Infante y 150 milicianos de Arana. Ante esta noticia, el teniente del Valle decidió replegarse con los 3 pelotones que tenía y los milicianos, hacia el norte. En el camino tuvo un encuentro con los milicianos del español Arana, que terminaron siendo acuchillados y heridos incluso dos de sus oficiales. Mientras tanto, el mayor Soulanges que se encontraba en Pisco, dispuso a su pelotón regresar a la hacienda Caucato. En las cercanías a la hacienda tuvo noticia que las fuerzas que había dejado al mando del teniente del Valle, se habían retirado en dirección norte. En Caucato, muy por el contrario, lo aguardaban las fuerzas españolas que habían tomado posiciones para atacarlo. La noticia no amedrentó al mayor Soulanges que comandando a sus 27 efectivos continuó en dirección a la hacienda. Antes de llegar, el mayor de origen francés animó a sus tropas y entonando la canción patriótica (posiblemente el himno nacional) se acercó a sus enemigos que lo recibieron con diversos disparos desde el cerro conocido como la Yecera (por la extracción de yeso). Soulanges logró ubicar un camino para poder subir el cerro en medio del fuego español, objetivo que se logró alcanzar. Inmediatamente en el lugar, los jinetes dejaron sus caballos y con el uso de lanza y sable, lograron derrotar a los realistas que se posicionaban en los agujeros donde se extraía el yeso. En la refriega se logró capturar 36 prisioneros, incluido el teniente coronel Pedro de la Peña, jefe de la compañía. Sin embargo, la gran cantidad de heridos y bajas del bando español hacía imposible su traslado hacia el norte, por lo que el mayor Soulanges optó por tomarles el juramento de no volver a tomar las armas en contra de ellos hasta que no se logre el canje de sus oficiales. Ocurrido el acto, los húsares procedieron a retirarse al punto de Larán, gracias a los conocimientos del alférez de milicias Alejandro Huavique.

Las bajas en el escuadrón de húsares fueron el Manuel Valderrama y José Luis de Espinosa. Así mismo, en el parte se elogió la conducta del alférez Don Manuel Silva, el porta-estandarte Don Manuel Solar, así como los sargentos Julián Torres y Antonio Hernández, el trompeta Manuel Urrego (Orrego) que “con una mano tocaba el clarín, y de la otra acuchillaba al enemigo”, el cadete Manuel Portocarrero y los húsares Mateo García y José Vigil.

Esta fue la primera acción de armas conocida de la Legión Peruana de la Guardia que hasta ese momento no había tenido ocasión de librar algún combate desde su fundación en agosto de 1821. El mayor Soulanges dio parte de este episodio a sus superiores por lo que meses después su valor fue reconocido junto a otro evento de esta época, el combate de Chunchanga.



[1] Luis Soulanges era oriundo de Normandía. Participó como húsar de la caballería napoleónica en la última campaña de los cien días, defendiendo el nordeste de Francia. Entre 1814 y 1815 pasó a Mendoza (Argentina) como comerciante, punto desde el cual se unió al ejército del general San Martín tomando parte en la independencia de Chile. Posteriormente pasó al Perú con la Expedición libertadora del Sur, bajo las órdenes de Federico Brandsen y conformando los húsares de la Legión Peruana de la Guardia en 1821.

sábado, 31 de agosto de 2024

El Obelisco de Chacamarca

El año de 1924, el senador de Junín, Francisco Alvarino, solicitó a la cámara de senadores la erección de un monumento a la batalla, que precedió el logro de la independencia del Perú. El diseño de la obra fue encargada al escultor alemán Edmund Muller quien por ese entonces ya había ganado el concurso internacional para la construcción del Monumento a la Libertad que empezó a erigirse en Trujillo en 1925. 

La obra que habría de levantarse en las pampas de Junín, fue dispuesta según lo establecido en la maqueta que envió el escultor alemán y su presupuesto fue elaborado por la Compañía de Consultas Técnicas Dunkelberg & Pellny. La disposición del acabado externo del obelisco establecía que tendría un aspecto de granito para lo cual se empleó la técnica de martillo neumático. Las medidas planificadas para el monumento fueron de 21 metros cuadrados de base por 31 metros de alto. En la cima de este obelisco habría de colocarse una sol radiante hecho en "bronce con oro plateado".

"El sol naciente del Perú"

Según refieren los documentos, el sol que se distingue en el monumento, hace referencia a la aurora del viernes 6 de agosto de 1824 cuando se libró la batalla de Junín. Esto también puede interpretarse como el amanecer de la independencia del Perú debido a que fue la primera gran batalla, de la última campaña que se emprendió por obtenerla, algo que se terminaría de plasmar meses después en la batalla de Ayacucho.  



Monumento de la batalla de Junín en la actualidad