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sábado, 28 de septiembre de 2024

1. Mariscal José Bernardo Tagle - Marqués de Torre Tagle

Nació en Lima el 26 de marzo de 1779. Fue hijo de don Josef Manuel Tagle Ysasaga y María Josefa Portocarrero.

Perteneció a una de las familias con mayor rango nobiliario en la ciudad.

Fue sargento mayor del Regimiento Distinguido de la Concordia Española del Perú. Sin embargo sus ideas liberales lo llevaron a ser representante en las Cortes de Cádiz entre 1813 y 1815. Su estancia en España le sirvió para adentrarse en la nobleza hispana, obteniendo la orden de caballero de Santiago. 

Con el grado de brigadier de infantería regresa al Perú en 1816 como intendente de Puno, cargo que no pudo acceder debido a que se lo otorgaron a un noble ligado al general La Serna. En su reemplazo fue designado intendente de Trujillo y con ese cargo, ante la presencia del general San Martín en el sur, juró la independencia del Perú el 29 de diciembre de 1820.

En 1821, tras la proclamación de independencia en Lima, San Martín lo nombró gobernador de la capital y, poco después, ministro de Guerra y Marina. En 1822 asumió interinamente la jefatura del Estado durante la ausencia de San Martín en Guayaquil.

En 1823, el Congreso lo designó Presidente de la República tras la caída del gobierno de José de la Riva-Agüero. Su mandato coincidió con un periodo de inestabilidad extrema: incursiones realistas desde el sur, conflictos internos entre militares patriotas y graves problemas económicos.

Durante la campaña de 1824, frente al avance de las fuerzas realistas y la crisis de autoridad, Torre Tagle fue reconocido por los españoles con su título nobiliario, por lo que luego pasó al Callao. Allí, permaneció luego de la batalla de Ayacucho, muriendo junto a su esposa e hijo en 1825.


viernes, 6 de septiembre de 2024

Combate de Chunchanga, 29 de diciembre de 1822

Como parte del apoyo a la Campaña a Puertos Intermedios, el 29 de diciembre de 1822, en el valle de Chunchanga (Pisco) se encontraba una compañía de 50 húsares de la legión al mando del capitán  Correa. A muy tempranas horas tuvieron conocimiento que el coronel Barandalla con 200 jinetes de los escuadrones de San Carlos y Dragones de Lima, mas dos compañías de infantería se acercaban para sorprenderlo y batirlo. Casi de inmediato tuvieron noticia que estos efectivos se encontraban cruzando el río Pisco por el vado de la hacienda Casa – Concha, muy cerca de la posición de los patriotas. Sin embargo, los húsares aguardaron formados en batalla la llegada del enemigo. El desprecio español por su superioridad numérica hizo con el teniente del escuadrón San Carlos se acerque a distancia de media cuadra con las siguientes palabras: “Ríndete Correa, que tomarás partido. Soldados echar pie a tierra, sois perdonados[1]”.  Ante ello, el valiente capitán Correa respondió “Húsares, a vengar el ultraje que nos hace el infame”. De esta manera, los húsares procedieron con una carga sobre el enemigo que no pudo reaccionar a tiempo, siendo arrollados y dispersos, retrocediendo hacia el vado del río donde buscaron la protección de la infantería. El saldo de este encuentro fue de 20 muertos y un prisionero realista. Se considera que el número de heridos debió triplicar esta cifra. El capitán correa persiguió a los realistas hasta el paso del vado, pero viendo lo estrecho que se hacía, evitó continuar por temor a exponerse a una emboscada de la infantería.

Posteriormente a la persecución el capitán Correa ordenó el retiro para unirse al escuadrón liderado por el teniente coronel Isidoro Suárez. Las pérdidas patriotas en esa jornada fue la del húsar Atanasio Acuña, más otros cuatro heridos. En la acción se distinguieron los sargentos Navarrete y Frías, el cabo Calderón y los húsares Baras, Calderón y Rodríguez.

Por ambas acciones, la de Caucato y Chunchanga, la Suprema Junta Gubernativa reconoció el desempeño de los húsares de la Legión y mediante decreto del 18 de enero de 1823 concedió el uso de un escudo para el uso en el uniforme tanto a los oficiales como soldados. Esta forma de retribución, como hemos visto fue heredada del Protectorado de don José de San Martín.



[1] Parte de Federico Brandsen. Gaceta del Gobierno del Perú N°1 del 1 de enero de 1823.CDIP, T. VI V. 6, pg. 149.


El combate de Caucato, 2 de noviembre de 1822

En noviembre de 1822, dos meses después de la retirada del Protector del Perú, el coronel Pedro Raulet, comandante general de la costa del Sur, envió al mayor Luis Soulanges[1] hacia Chincha Alta, donde tuvo noticias de la presencia del coronel Rodil, en Chunchanga. En base a esta información el mayor Soulanges decide partir con la compañía de húsares que tenía a su mando junto a 40 milicianos. El 1 de noviembre de ese año llegó a la hacienda de Caucato a las 3 de la mañana donde decide descansar con sus efectivos. Al amanecer, el mayor Soulange decide avanzar hacia Pisco con un pelotón de 27 jinetes, dejando al teniente don Melchor del Valle con otros 3 pelotones, y 40 milicianos armados en la hacienda, con la misión de vigilar los caminos que llegan desde el este por donde podían ser sorprendido (Cóndor y Pampas). 

Sin embargo, la falla en la guardia no se percató que las fuerzas del coronel Rodil se encontraban al este, viniendo desde Humay (a 35 km de distancia) con el escuadrón San Carlos, Dragones de Lima, la compañía de cazadores del 2° batallón del Regimiento Real Infante y 150 milicianos de Arana. Ante esta noticia, el teniente del Valle decidió replegarse con los 3 pelotones que tenía y los milicianos, hacia el norte. En el camino tuvo un encuentro con los milicianos del español Arana, que terminaron siendo acuchillados y heridos incluso dos de sus oficiales. Mientras tanto, el mayor Soulanges que se encontraba en Pisco, dispuso a su pelotón regresar a la hacienda Caucato. En las cercanías a la hacienda tuvo noticia que las fuerzas que había dejado al mando del teniente del Valle, se habían retirado en dirección norte. En Caucato, muy por el contrario, lo aguardaban las fuerzas españolas que habían tomado posiciones para atacarlo. La noticia no amedrentó al mayor Soulanges que comandando a sus 27 efectivos continuó en dirección a la hacienda. Antes de llegar, el mayor de origen francés animó a sus tropas y entonando la canción patriótica (posiblemente el himno nacional) se acercó a sus enemigos que lo recibieron con diversos disparos desde el cerro conocido como la Yecera (por la extracción de yeso). Soulanges logró ubicar un camino para poder subir el cerro en medio del fuego español, objetivo que se logró alcanzar. Inmediatamente en el lugar, los jinetes dejaron sus caballos y con el uso de lanza y sable, lograron derrotar a los realistas que se posicionaban en los agujeros donde se extraía el yeso. En la refriega se logró capturar 36 prisioneros, incluido el teniente coronel Pedro de la Peña, jefe de la compañía. Sin embargo, la gran cantidad de heridos y bajas del bando español hacía imposible su traslado hacia el norte, por lo que el mayor Soulanges optó por tomarles el juramento de no volver a tomar las armas en contra de ellos hasta que no se logre el canje de sus oficiales. Ocurrido el acto, los húsares procedieron a retirarse al punto de Larán, gracias a los conocimientos del alférez de milicias Alejandro Huavique.

Las bajas en el escuadrón de húsares fueron el Manuel Valderrama y José Luis de Espinosa. Así mismo, en el parte se elogió la conducta del alférez Don Manuel Silva, el porta-estandarte Don Manuel Solar, así como los sargentos Julián Torres y Antonio Hernández, el trompeta Manuel Urrego (Orrego) que “con una mano tocaba el clarín, y de la otra acuchillaba al enemigo”, el cadete Manuel Portocarrero y los húsares Mateo García y José Vigil.

Esta fue la primera acción de armas conocida de la Legión Peruana de la Guardia que hasta ese momento no había tenido ocasión de librar algún combate desde su fundación en agosto de 1821. El mayor Soulanges dio parte de este episodio a sus superiores por lo que meses después su valor fue reconocido junto a otro evento de esta época, el combate de Chunchanga.



[1] Luis Soulanges era oriundo de Normandía. Participó como húsar de la caballería napoleónica en la última campaña de los cien días, defendiendo el nordeste de Francia. Entre 1814 y 1815 pasó a Mendoza (Argentina) como comerciante, punto desde el cual se unió al ejército del general San Martín tomando parte en la independencia de Chile. Posteriormente pasó al Perú con la Expedición libertadora del Sur, bajo las órdenes de Federico Brandsen y conformando los húsares de la Legión Peruana de la Guardia en 1821.