Mostrando entradas con la etiqueta Legión Peruana de la Guardia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Legión Peruana de la Guardia. Mostrar todas las entradas

viernes, 6 de septiembre de 2024

La tragedia de los vencedores de Zepita

Luego de la Segunda Campaña a Puertos Intermedios (1823) en que las fuerzas peruanas realizaron un largo desplazamiento de repliegue en la conocida como "Campaña del Talón", lograron llegar a la costa de Moquegua embarcándose en el puerto de Ilo en octubre de 1823. Los restos de la infantería lo hicieron en el navío Monteagudo, mientras la caballería navegó en la fragata Mackenna. Según narra en sus memorias el Gran Mariscal Luis José de Orbegoso, los jefes y oficiales de ambas embarcaciones habían expresado su intención de sublevarse, al enterarse que iban a ser redirigidos hacia al puerto de Arica, a reunirse con una división chilena que venía en apoyo. El general Santa Cruz, que se encontraba al mando, se limitó a advertir que no lo hicieran, pero una vez que el general salió en dirección al sur, se produjo la sublevación. El amotinamiento hizo que los citados navíos se pusieron en dirección al Callao y no a Arica, como se les había ordenado. En estas circunstancias el navío Monteagudo logró llegar al primer puerto, mientras que la fragata Mackenna, fue capturada por un navío de guerra español (posiblemente por el corso al mando del navío General Valdés) y luego enviada a isla de Chiloé. Lamentablemente, en el trayecto, la fragata naufragó liquidando a una generación de la caballería patriota[1] que había vencido en la batalla de Zepita y había hecho muchos esfuerzos en proteger el repliegue de las tropas peruanas. Salvo algunos de los jefes u oficiales de los Húsares de la Legión que no se encontraron en esa embarcación, esta unidad prácticamente desapareció. Estos últimos alcanzaron reincorporarse al Ejército Unido Libertador y otros, como los del primer escuadrón que no marcharon al sur durante esta campaña (teniente coronel Isidoro Suárez) se concentraron en la sierra norte en los meses siguientes, para preparar la campaña final por la independencia en Junín y Ayacucho.

DECRETO DE LA MEDALLA DE LA BATALLA DE ZEPITA

El General en Gefe del Ejército libertador del Sur del Perú

Atendiendo á la brillante comportacion de los cuerpos del Ejército en la jornada del 25 del                     presente á las inmediaciones de Zepita; he tenido á bien decretar lo siguiente:

Artículo 1: "Los escuadrones segundo y tercero del regimiento de Húsares, que por su bravura en las cargas respectivas han decidido la victoria, llevarán en lo sucesivo el renombre de Vencedores de Zepita, disfrutando la cinta del pabellón con el primer premio de siete y medio reales mensuales sobre su haber todos los individuos de tropa.

Art. 2° Los heridos de la misma clase de todos los cuerpos gozarán de igual gracia.

Art. 3" El capitán D. José Morante, de la primera compañía del segundo escuadrón, que herido en el campo de batalla, conduciéndose como un bravo, ha fallecido ayer de resultas de la herida, se declara benemérito de la patria en grado eminente. Su compañía llevará en adelante el nombre de dicho capitán, quien pasará revista como presente. Su familia percibirá el sueldo que le corresponde. .Si tiene hijo varón será desde luego considerado oficial del regimiento de Húsares.

Art. 4° Los escuadrones Vencedores de Zepita y la parte de los cuerpos que han coadyuvado á la victoria hallándose presentes en el campo de batalla, llevarán por distintivo una medalla en figura pentagonal, pendiente de la cinta nacional; los señores jefes y oficiales de oro, los primeros con dos laureles sobre los costados superiores, los segundos sencilla y los individuos de tropa de plata, ambas en el anverso con esta inscripción: 

«EN LA CUNA DE LOS TIRANOS LABRÉ SU SEPULCRO»

y en el reverso, los escuadrones Vencedores:

« AL VALOR DE LOS HÚSARES DE ZEPITA»

y los demás cuerpos:

«ZEPITA, 25 DE AGOSTO DE 1 823»

En consecuencia de lo cual, hágase saber al Ejército por Orden General, imprimiéndose este decreto en la Gaceta del mismo para la satisfacción, y dándose cuenta al Gobierno del Estado para la aprobación. Dado en el Cuartel General del Desaguadero, A 2S de Agosto de 1S23—4" de la libertad de Perú.

Andrés de Santa Cruz.

Historia de los premios militares ( T. III pg. 95 - 96


Imagen: https://museogarcilaso.culturacusco.gob.pe/mediaelement/pdf/catalogos/2020/MEDALLAS_Y_EMBLEMAS_DEL_ANTIGUO_PERU.pdf 


[1] La información sobre esta catástrofe refiere que en la fragata Mackenna viajaban 300 Húsares de de la Legión, así como sus jefes y oficiales. El capitán Soulanges se encontraba entre sus tripulantes. Oficiales como el coronel Federico Brandsen.

Combate de Chunchanga, 29 de diciembre de 1822

Como parte del apoyo a la Campaña a Puertos Intermedios, el 29 de diciembre de 1822, en el valle de Chunchanga (Pisco) se encontraba una compañía de 50 húsares de la legión al mando del capitán  Correa. A muy tempranas horas tuvieron conocimiento que el coronel Barandalla con 200 jinetes de los escuadrones de San Carlos y Dragones de Lima, mas dos compañías de infantería se acercaban para sorprenderlo y batirlo. Casi de inmediato tuvieron noticia que estos efectivos se encontraban cruzando el río Pisco por el vado de la hacienda Casa – Concha, muy cerca de la posición de los patriotas. Sin embargo, los húsares aguardaron formados en batalla la llegada del enemigo. El desprecio español por su superioridad numérica hizo con el teniente del escuadrón San Carlos se acerque a distancia de media cuadra con las siguientes palabras: “Ríndete Correa, que tomarás partido. Soldados echar pie a tierra, sois perdonados[1]”.  Ante ello, el valiente capitán Correa respondió “Húsares, a vengar el ultraje que nos hace el infame”. De esta manera, los húsares procedieron con una carga sobre el enemigo que no pudo reaccionar a tiempo, siendo arrollados y dispersos, retrocediendo hacia el vado del río donde buscaron la protección de la infantería. El saldo de este encuentro fue de 20 muertos y un prisionero realista. Se considera que el número de heridos debió triplicar esta cifra. El capitán correa persiguió a los realistas hasta el paso del vado, pero viendo lo estrecho que se hacía, evitó continuar por temor a exponerse a una emboscada de la infantería.

Posteriormente a la persecución el capitán Correa ordenó el retiro para unirse al escuadrón liderado por el teniente coronel Isidoro Suárez. Las pérdidas patriotas en esa jornada fue la del húsar Atanasio Acuña, más otros cuatro heridos. En la acción se distinguieron los sargentos Navarrete y Frías, el cabo Calderón y los húsares Baras, Calderón y Rodríguez.

Por ambas acciones, la de Caucato y Chunchanga, la Suprema Junta Gubernativa reconoció el desempeño de los húsares de la Legión y mediante decreto del 18 de enero de 1823 concedió el uso de un escudo para el uso en el uniforme tanto a los oficiales como soldados. Esta forma de retribución, como hemos visto fue heredada del Protectorado de don José de San Martín.



[1] Parte de Federico Brandsen. Gaceta del Gobierno del Perú N°1 del 1 de enero de 1823.CDIP, T. VI V. 6, pg. 149.


El combate de Caucato, 2 de noviembre de 1822

En noviembre de 1822, dos meses después de la retirada del Protector del Perú, el coronel Pedro Raulet, comandante general de la costa del Sur, envió al mayor Luis Soulanges[1] hacia Chincha Alta, donde tuvo noticias de la presencia del coronel Rodil, en Chunchanga. En base a esta información el mayor Soulanges decide partir con la compañía de húsares que tenía a su mando junto a 40 milicianos. El 1 de noviembre de ese año llegó a la hacienda de Caucato a las 3 de la mañana donde decide descansar con sus efectivos. Al amanecer, el mayor Soulange decide avanzar hacia Pisco con un pelotón de 27 jinetes, dejando al teniente don Melchor del Valle con otros 3 pelotones, y 40 milicianos armados en la hacienda, con la misión de vigilar los caminos que llegan desde el este por donde podían ser sorprendido (Cóndor y Pampas). 

Sin embargo, la falla en la guardia no se percató que las fuerzas del coronel Rodil se encontraban al este, viniendo desde Humay (a 35 km de distancia) con el escuadrón San Carlos, Dragones de Lima, la compañía de cazadores del 2° batallón del Regimiento Real Infante y 150 milicianos de Arana. Ante esta noticia, el teniente del Valle decidió replegarse con los 3 pelotones que tenía y los milicianos, hacia el norte. En el camino tuvo un encuentro con los milicianos del español Arana, que terminaron siendo acuchillados y heridos incluso dos de sus oficiales. Mientras tanto, el mayor Soulanges que se encontraba en Pisco, dispuso a su pelotón regresar a la hacienda Caucato. En las cercanías a la hacienda tuvo noticia que las fuerzas que había dejado al mando del teniente del Valle, se habían retirado en dirección norte. En Caucato, muy por el contrario, lo aguardaban las fuerzas españolas que habían tomado posiciones para atacarlo. La noticia no amedrentó al mayor Soulanges que comandando a sus 27 efectivos continuó en dirección a la hacienda. Antes de llegar, el mayor de origen francés animó a sus tropas y entonando la canción patriótica (posiblemente el himno nacional) se acercó a sus enemigos que lo recibieron con diversos disparos desde el cerro conocido como la Yecera (por la extracción de yeso). Soulanges logró ubicar un camino para poder subir el cerro en medio del fuego español, objetivo que se logró alcanzar. Inmediatamente en el lugar, los jinetes dejaron sus caballos y con el uso de lanza y sable, lograron derrotar a los realistas que se posicionaban en los agujeros donde se extraía el yeso. En la refriega se logró capturar 36 prisioneros, incluido el teniente coronel Pedro de la Peña, jefe de la compañía. Sin embargo, la gran cantidad de heridos y bajas del bando español hacía imposible su traslado hacia el norte, por lo que el mayor Soulanges optó por tomarles el juramento de no volver a tomar las armas en contra de ellos hasta que no se logre el canje de sus oficiales. Ocurrido el acto, los húsares procedieron a retirarse al punto de Larán, gracias a los conocimientos del alférez de milicias Alejandro Huavique.

Las bajas en el escuadrón de húsares fueron el Manuel Valderrama y José Luis de Espinosa. Así mismo, en el parte se elogió la conducta del alférez Don Manuel Silva, el porta-estandarte Don Manuel Solar, así como los sargentos Julián Torres y Antonio Hernández, el trompeta Manuel Urrego (Orrego) que “con una mano tocaba el clarín, y de la otra acuchillaba al enemigo”, el cadete Manuel Portocarrero y los húsares Mateo García y José Vigil.

Esta fue la primera acción de armas conocida de la Legión Peruana de la Guardia que hasta ese momento no había tenido ocasión de librar algún combate desde su fundación en agosto de 1821. El mayor Soulanges dio parte de este episodio a sus superiores por lo que meses después su valor fue reconocido junto a otro evento de esta época, el combate de Chunchanga.



[1] Luis Soulanges era oriundo de Normandía. Participó como húsar de la caballería napoleónica en la última campaña de los cien días, defendiendo el nordeste de Francia. Entre 1814 y 1815 pasó a Mendoza (Argentina) como comerciante, punto desde el cual se unió al ejército del general San Martín tomando parte en la independencia de Chile. Posteriormente pasó al Perú con la Expedición libertadora del Sur, bajo las órdenes de Federico Brandsen y conformando los húsares de la Legión Peruana de la Guardia en 1821.