Como parte del apoyo a la Campaña a Puertos Intermedios, el 29 de diciembre de 1822, en el valle de Chunchanga (Pisco) se encontraba una compañía de 50 húsares de la legión al mando del capitán Correa. A muy tempranas horas tuvieron conocimiento que el coronel Barandalla con 200 jinetes de los escuadrones de San Carlos y Dragones de Lima, mas dos compañías de infantería se acercaban para sorprenderlo y batirlo. Casi de inmediato tuvieron noticia que estos efectivos se encontraban cruzando el río Pisco por el vado de la hacienda Casa – Concha, muy cerca de la posición de los patriotas. Sin embargo, los húsares aguardaron formados en batalla la llegada del enemigo. El desprecio español por su superioridad numérica hizo con el teniente del escuadrón San Carlos se acerque a distancia de media cuadra con las siguientes palabras: “Ríndete Correa, que tomarás partido. Soldados echar pie a tierra, sois perdonados[1]”. Ante ello, el valiente capitán Correa respondió “Húsares, a vengar el ultraje que nos hace el infame”. De esta manera, los húsares procedieron con una carga sobre el enemigo que no pudo reaccionar a tiempo, siendo arrollados y dispersos, retrocediendo hacia el vado del río donde buscaron la protección de la infantería. El saldo de este encuentro fue de 20 muertos y un prisionero realista. Se considera que el número de heridos debió triplicar esta cifra. El capitán correa persiguió a los realistas hasta el paso del vado, pero viendo lo estrecho que se hacía, evitó continuar por temor a exponerse a una emboscada de la infantería.
Posteriormente a la persecución el capitán Correa
ordenó el retiro para unirse al escuadrón liderado por el teniente coronel
Isidoro Suárez. Las pérdidas patriotas en esa jornada fue la del húsar Atanasio
Acuña, más otros cuatro heridos. En la acción se distinguieron los sargentos
Navarrete y Frías, el cabo Calderón y los húsares Baras, Calderón y Rodríguez.
Por ambas acciones, la de Caucato y
Chunchanga, la Suprema Junta Gubernativa reconoció el desempeño de los húsares
de la Legión y mediante decreto del 18 de enero de 1823 concedió el uso de un
escudo para el uso en el uniforme tanto a los oficiales como soldados. Esta
forma de retribución, como hemos visto fue heredada del Protectorado de don
José de San Martín.
[1] Parte de
Federico Brandsen. Gaceta del Gobierno del Perú N°1 del 1 de enero de 1823.CDIP,
T. VI V. 6, pg. 149.
