martes, 26 de noviembre de 2024

La División Peruana en la batalla de Ayacucho

I. INTRODUCCIÓN:
La batalla de Ayacucho tuvo lugar el 9 de diciembre de 1824 en la pampa del mismo nombre, cerca a la población de Quinua. Durante la lucha, la contribución de la División Peruana bajo el mariscal José de La Mar fue fundamental para el éxito de la acción, sosteniendo el ataque de la división que comandaba el intrépido Mariscal de Campo Jerónimo Valdés.
Sin embargo, preguntas fundamentales sobre esta gran unidad han quedado en el aire: ¿Quiénes fueron estos patriotas? ¿De dónde venían? ¿Cómo fue que terminaron integrando las filas del Ejército Unido Libertador? ¿Qué sucedió con ellos luego de la guerra? Estas cuestiones serán abordadas en el presente trabajo, con la intención de presentar algunos alcances para un estudio mayor.
Para lograr tener noticias sobre la División Peruana, hemos recurrido a la documentación que cronológicamente se desarrolla entre mediados de 1823 hasta los prolegómenos de la batalla de Ayacucho. Para ello se ha dispuesto de documentación tanto de la Colección Documental del Sesquicentenario de la Independencia del Perú, como de nuevos documentos publicados sobre el desarrollo de la guerra de la independencia en provincias (Espinoza, 2021). A estos documentos se han añadido diversos trabajos de investigación referidos a las campañas de Junín y Ayacucho. Para visualizar su posterior desenvolvimiento en la historia del Perú de los años posteriores, se han consultado diversos trabajos sobre los veteranos de la batalla de Ayacucho. Con toda esta información, se ha procedido a describir los inicios de la conformación de la División Peruana, una breve reseña de su comandante, el desenvolvimiento de la gran unidad en la batalla de Ayacucho y finalmente, el lugar prominente que ocuparon en la sociedad peruana después de la guerra.

II. LA FORMACIÓN DE LA DIVISIÓN PERUANA:
Hacia febrero de 1823, el presidente José de la Riva Agüero, quien tomara el poder luego del motín de Balconcillo, desplegó una gran actividad para conformar un ejército con el que pudiera dar batalla a los españoles. A mediados del mes de mayo, con el apoyo conseguido tras un préstamo de Inglaterra, Riva Agüero logró despachar este nuevo Ejército en la conocida como Segunda Campaña a Puertos Intermedios, al mando del general Andrés de Santa Cruz. En la retaguardia, en la ciudad de Lima, no dejó suficientes unidades de reserva con las que pudiera hacer frente ante un eventual avance de José de Canterac, como finalmente sucedió. Es así que en junio de ese año, las fuerzas españolas estaban nuevamente a las afueras de Lima. El gobierno optó por retirarse hacia la fortaleza del Callao donde permaneció algunas semanas, hasta que se inició la disputa entre el Congreso y el presidente José de la Riva Agüero. Como resultado de esta situación, el Congreso terminó destituyendo al primer presidente del Perú quien decidió marchar al norte sin renunciar a su investidura. Ya instalado en el departamento de Trujillo, Riva Agüero orientó sus esfuerzos en crear unidades del Ejército con las cuales pudiera hacer frente ante una persecución de los españoles. En este sentido, reunió algunas unidades milicianas de infantería y caballería patriotas, que se habían creado en época de predominio español. Así también contó con el apoyo de una pequeña flota naval que le daba la supremacía en el mar para continuar la guerra.
A la llegada del Libertador Simón Bolívar, en setiembre de ese mismo año, José de la Riva Agüero comprendió que su liderazgo en la capital quedaba en entredicho. Las noticias del fracaso de la Segunda Campaña a Puertos Intermedios en el mes de octubre, no hicieron más que terminar de hundir su prestigio. En vista de ello, el Congreso otorgó la responsabilidad del manejo de la guerra al general caraqueño, así como también la de culminar con la rebelión de Riva Agüero, quien por su parte se preparaba para una nueva lucha. Según la versión de su abogado José María Novoa, Riva Agüero escalonó su ejército entre Huaraz y Trujillo para impedir que el Libertador se acercara hacia él, ya que sería desgastado en el camino por sus leales unidades (Espinoza, 2006). Por su parte, el Libertador emprendió una campaña en contra de Riva Agüero, con una fuerza de 2000 efectivos. Luego de unas frustradas negociaciones en Pativilca, Bolívar tomó el camino de la sierra, evitando la supremacía naval que tenía Riva Agüero en la costa. Luego de llegar a Huaraz, y reconociendo lo difícil de la geografía de los andes emprendió, el viaje en dirección norte. En el camino, recibió noticias que diversas unidades de infantería de Riva Agüero, que al mando de los coroneles Remigio Silva y Ramón Novoa se preparaban a hacerle frente. Sin embargo, al aproximarse las fuerzas de Bolívar, los oficiales optaron por dispersarse sin luchar, disolviendo sus batallones. Hacia el mes de diciembre de 1823, el Libertador ya se había hecho con el control de estas fuerzas, y se hallaba cerca de Cajamarca. En esta ciudad encontró restos del regimiento de Tiradores de la Guardia (500 efectivos) que recibió de sus jefes, los tenientes coroneles Ramón González y José Tellería. A pesar de que el efectivo de este regimiento era de 1600, solo se contaba con alrededor de la tercera parte en esta ciudad.
Para cohesionar a estos soldados para la nueva causa, el Libertador recurrió a un evento del pasado, a un hecho doloroso del fin de los días del poder de los incas: La ejecución del soberano inca, Don Francisco Atahualpa (como fue bautizado antes de su muerte). De esta manera, el 15 de diciembre se dispuso a pasar revistas de estas fuerzas, con una ceremonia inusual.
Para ello, el libertador ordenó que las tropas formaran frente a la cruz de piedra, donde tradicionalmente se señalaba el lugar de la muerte del inca, acaecida el 26 de julio de 1833. En este escenario, frente a los 500 soldados del regimiento, el Libertador, hizo un despliegue de su elocuencia para explicar la trascendencia de la nueva tarea que iban a realizar. Evocando lo sucedido durante la Conquista, el general invocó a vengar la muerte del soberano de estas tierras, casi trescientos años atrás. De esta manera, se dispuso a tomar el siguiente juramento: “¡Jurad todos, todos, como yo juro, por esta Cruz y por las cenizas del gran Atahualpa, morir por la independencia del Perú!”. La exaltación por la referencia a esta historia de antaño, símbolo del inicio del dominio español en el Perú, hizo que las tropas respondieras al unísono: “¡Lo juramos! ¡por Dios y por la Patria, lo juramos! (Espinoza, 2006, p.243).
A continuación, durante las siguientes semanas, el Libertador se empeñó en dotar a esta fuerza de suministros y de un mayor número de reclutas. Como lo señaló en sus cartas de los meses noviembre de diciembre de 1823, el estado de las tropas peruanas que había hallado en su camino a Cajamarca, era lamentable. Muchos hablaban mal el castellano, vestían mal el uniforme y su desplazamiento de orden cerrado dejaba aun muchas dudas sobre su desempeño. Quizá lo más rescatable de estas tropas, eran sus jefes, que eran criollos de mucho carácter, patriotismo, entusiastas y de un buen criterio moral, con una férrea ambición por la causa de la patria, antes de fijarse en ambiciones económicas o jerárquicas (Espinoza, 2021, p. 260). En esos días, era difícil visualizar en estas fuerzas los soldados que brindarían las victorias de Junín y Ayacucho.
Una de las disposiciones que el Libertador adoptó para la preparación de la División Peruana, fue que se mantuviera alejada de las tropas comandadas por los españoles en el centro del Perú. Para ello, la división se asentó entre Cajamarca, Cajabamba y Huamachuco. Para el comando de esta fuerza, el Libertador convocó al general José de La Mar, a quien ya conocía por correspondencia y de referencias dados por el mismo general don José de San Martín. En opinión del Libertador: “La Mar es el mejor hombre del mundo, porque es tan buen militar como hombre civil. Es lo mejor que yo conozco” (Lecuna, 1929, p. 307). Es así que hacia el mes de mayo de 1824, la división peruana recibió el mando del Mariscal José de La Mar, y se preparó para su desplazamiento hacia el centro del país.

Presidente José de La Mar, presidente del Perú
 Museo de Arqueología, Antropología e Historia del Perú

III. ORDEN DE BATALLA Y ORGANIZACIÓN DE LA DIVISIÓN PERUANA
Para el mes de junio de 1824, la División Peruana estaba compuesta por alrededor de 1300 hombres, divididos en batallones de infantería:
      División Peruana
1. Batallón “Legión” – José María Plaza
2. Batallón N° 1 – Francisco de Paula Otero
3. Batallón N° 2 - Ramón Gonzáles
4. Batallón N° 3 – Miguel Benavides
5. Montoneros de Marcelino Carreño
El Ejército Unido Libertador, bajo el mando del general Sucre, estaba organizado en cuatro divisiones. Al general La Mar, le correspondía sostener el ala izquierda de la línea patriota, cubriendo así los flancos de las tropas aliadas. Además de su responsabilidad en la defensa, la División Peruana estaba lista para tomar la ofensiva en caso de que surgiera la oportunidad de desbordar las posiciones enemigas.

IV. LA DIVISIÓN PERUANA DURANTE LA BATALLA DE AYACUCHO:
Durante la Batalla de Ayacucho, la División Peruana cumplió un papel determinante en el enfrentamiento contra las fuerzas realistas, que eran superiores en número y contaban con una posición defensiva favorable. Su rival directo era la división comandada el Mariscal de Campo Jerónimo Valdés, quien tenía a su mando los batallones Centro, Cantabria, Castro y 1° del Imperial. Esta fuerza estaba apoyada por dos escuadrones de Húsares de Fernando VII y por cuatro piezas de artillería de montaña. Es decir contaba con el desempeño de las tres armas y era mucho más que una división, era un cuerpo de Ejército. En la víspera, esta unidad se encontraba ubicada frente a los patriotas, por lo que su itinerario y objetivo habían sido debidamente reconocidos.
De esta manera, hacia las diez de la mañana del jueves 9 de diciembre de 1824, se iniciaba la revista previa a la batalla por parte del general en jefe Antonio José de Sucre. La tradición cuenta que al acercarse a la división peruana, y reconociendo a algunas de sus unidades exclamó:
"¡Batallón número 2!
Me acompañasteis en Quito, vencisteis ·en Pichincha y disteis la libertad é1 Colombia. Hoy me acompañáis en Ayacucho; ¡También vencereis y dareis libertad al Perú, asegurando para siempre la independencia de la América!".
"¡Legión peruana, si fuisteis desgraciada en Torata y Moquegua, salísteis con gloria y probasteis al enemigo vuestro valor y disciplina; hoy triunfareis y habreis dado libertad a vuestra patria y a la América”! (Pereyra, 1975, p.77).
Así, el mismo Mariscal La Mar tuvo ocasión de dirigirse al general Sucre: "Señor general, en este campo que yo he escogido triunfaremos antes de la una de la tarde; y aquí tomaremos una copa por las glorias que tendremos" (Pereyra, 1975, p.77).



Llegada la hora de la batalla, las fuerzas de Valdés iniciaron el ataque. Su combinación de infantería, caballería y artillería hizo retroceder a los patriotas que fueron diezmados por el empuje de experimentados combatientes. La pequeña edificación en la cual se habían parapetado los peruanos, al lado izquierdo del campo de batalla, fue tomada. La división peruana tuvo que retroceder, empujados hacia el centro y en dirección a los barrancos. La batalla parecía favorecer al esfuerzo combinado del ataque realista.
La oportuna embestida de la caballería patriota de Marcelino Carreño dio tiempo a la División peruana para reorganizarse, formándose para realizar una cargar en repuesta, que no dio resultado. Al tener noticia del problema, el general Sucre decidió enviar al batallón Vencedor en apoyo de la División Peruana, dejando como reserva a los batallones Vargas y Rifles.
Mientras el resto de la acción se desarrollaba en la pampa de Ayacucho, la lucha contra Valdés no cesó por un espacio de tres horas. Solo cuando el general español observó que era atacado por el resto de unidades patriotas, desde diferentes flancos, cayó en cuenta que todo estaba perdido. Aproximadamente a la una de la tarde, Valdés decidió retirarse con los restos de su gran unidad mientras era perseguidos por División Peruana de La Mar y las fuerzas del general Jacinto Lara.
El esfuerzo combinado de los patriotas, y en especial la actuación decisiva de la División Peruana, resultó en una victoria completa para el ejército de Sucre.


General Antonio José de Sucre en la batalla de Ayacucho
                                     Museo de Arqueología, Antropología e Historia del Perú


V. EL LEGADO DE LA DIVISIÓN PERUANA:
La actuación de la División Peruana en la Batalla de Ayacucho no solo fue fundamental para el resultado, sino que también dejó una profunda huella en la historia del Perú y en la construcción de la identidad nacional. La victoria consolidó la independencia del Perú y permitió a la nación emerger como un estado soberano en América Latina.
El prestigio de los peruanos que lucharon en Ayacucho fue de enorme importancia en los años siguientes. Muchos de los que pelearon en esta gesta fueron jefes de Estado. Tal fue el caso de La Mar, Agustín Gamarra, Felipe Santiago Salaverry, Juan Antonio Pezet, Rufino Torrico, Pedro Bermúdez, Ramón Castilla, Manuel Ignacio de Vivanco y Miguel de San Román. Otros fueron figuras importantes dentro de la política en diferentes entidades del Estado. Su presencia en actos públicos, dignificaban los actos ceremoniales recibiendo siempre la consideración por su sacrificio en la emancipación.
El Mariscal José de La Mar, continuó siendo una figura destacada en la historia peruana. Posteriormente, llegó a ser presidente de la República entre1827 y 1829. Durante su mandato, se dio a la tarea de reconocer y recompensar a muchos de los que pelearon con él en Ayacucho. De su gobierno proceden algunas de las disposiciones legales que favorecieron a todos los que actuaron en la guerra. Incluso defendió el regreso al Perú de los soldados que habían engrosado las filas de los batallones colombianos, lo que constituyó en uno de sus reclamos al Libertador Simón Bolívar, sumándose a las tensiones que empezaron a surgir entre el Perú y la Gran Colombia que desencadenaron en el conflicto que marcó el final de su gobierno.

VI. CONCLUSIONES:
La División Peruana bajo el mando del Mariscal José de La Mar fue una pieza clave en el éxito de la Batalla de Ayacucho y, por ende, en la independencia de Perú y Sudamérica. Como hemos podido expresar en este artículo, la conformación de esta división fue bastante reciente en comparación de las unidades experimentadas extranjeras. El desgaste que sufrieron las fuerzas peruanas en las campañas a intermedios redujo significativamente el poder disuasivo del ejército peruano en 1823, pero fue la reorganización y conformación de la División Peruana, dirigida inicialmente por el Libertador Simón Bolívar, que pudo reunir una fuerza capaz de estar a la altura del nuevo sacrificio, que se realizó en la última campaña militar por la independencia. También es importante señalar que las unidades extranjeras recibieron cantidades importantes de soldados peruanos, tanto de infantería como caballería, lo cual sigue sumando en apoyo de la abrumadora fuerza peruana en la contienda.
EL Mariscal José de La Mar tuvo un rol protagónico en la dirección de la gran unidad peruana. Sin lugar a dudas, su experiencia militar y su prestigio fueron reconocidos por líderes como San Martín y Bolívar, lo que le brindó la gran oportunidad de dirigir las fuerzas peruanas en la campaña. Durante la batalla de Ayacucho, La Mar hizo frente al mejor general del ejército realista, quien fuera galardonado por ser vencedor de las campañas a intermedios, salvo en la acción de Zepita. De alguna manera, es simbólico que fuera el rival directo de las fuerzas patriotas, reencontrándose con un enemigo que ansiaba cobrar una revancha, como finalmente sucedió.
VII. REFERENCIAS:
Dellepiane, C. (1965) Historia Militar del Perú. Tomo Primero. Imprenta del Colegio Militar Leoncio Prado.
Espinoza, W. (2006) Bolívar en Cajamarca. Universidad Ricardo Palma/Editorial Universitaria.
Espinoza, W. (2021) La Independencia del Perú en provincias. Lo que sucedió día a día en Cajamarca, Chota y Cajabamba, volúmenes I y II. Universidad Ricardo Palma/Editorial Universitaria.
Gayoso, B. (1938) Los grandes mariscales del Perú. Imprenta del Ministerio de Guerra.
Lecuna, V. (1929) Cartas del Libertador. Lit. y tip. del comercio.
Pereyra, H. (1975) Las campañas de Junín y Ayacucho. Editorial Jurídica S.A.
Paz Soldán, M. (1870) Historia del Perú Independiente. Proyecto Especial Bicentenario de la Independencia del Perú
Sobrevilla, N. (2021) Independencia. A 200 años de la lucha por la libertad. Penguim Random House.
Vargas, R. (1966) Historia General del Perú T. VI. Carlos Milla Batres.

domingo, 24 de noviembre de 2024

Teniente Miguel Cortés, héroe de la batalla de Junín

 Nació en Piura, el 29 de setiembre de 1803. Hijo menor del matrimonio del  regidor perpetuo de Piura don Antonio Cortés y Zorrilla y de la señora doña María Josefa de Castillo y Talledo; fueron sus abuelos paternos, don Tomás Cortés y Santelices y doña Carmen Zorrías; los maternos don Miguel Serafín del Castillo, alcalde perpetuo de Piura, y la señora doña María Eufemia Talledo y Torquemada, sus bisabuelos, el general Alonso Cortés y Mancha, hijo de don Pedro Cortés Monroy y de doña Inés Mancha Benites, y de doña juana Santelices, naturales de la Manchita de Extremadura y comprobados descendientes del conquistador de México, Hernán Cortés y Pizarro. Fue hermano de don Miguel, don Tomás Cortés, que tuviera parte principal en la independencia de Piura.

Noble, de limpia sangre azul y rancios pergaminos, Miguel cortes fue un niño mimado, á quien sonreía la vida. En un severo ambiente de señoría y religiosidad, transcurrieron los alegres días de su infancia. Cuando las huestes gloriosas de San Martín desembarcaron en Paracas, resueltos a consumar la obra de la libertad del continente americano, dando independencia al emporio del poderío de España: el Perú, Miguel Cortés, que era aun niño, que apenas contaba sus 18 primaveras, sintió en su alma juveni, abierta a los nobles impulsos y á las generosas empresas, vehemente deseo de ofrendar su vida, en holocausto á su patria, alistándose en las filas de los héroes de la emancipación.

En espera de una ocasión para realizar su anhelo, ésta no tardó en presentarse, cuando, en  de enero de 1821, un puñado de patriotas, sin disparar un solo tiro, solamente con el fuego de su verbo y con la entereza de sus espíritus, juraron en Piura la independencia peruana, á ejemplo de Trujillo, Cajamarca y Lambayeque, y muchos días antes que en la capital, Cortés que fue de los primeros en adherirse á este movimiento liberatorio, sentó plaza de cadete en el cuerpo de milicianos, que comandó el capitán Piurano, don Miguel Jerónimo Seminario y Jaime, y marchó a alistarse en el ejército unido que en Pichincha, bajo las órdenes del inmortal mariscal de Ayacucho, don Antonio José de Sucre, diera á la causa americana un día de inmarcesible gloria. Su valeroso comportamiento en la batalla, le valió sus despachos de subteniente de caballería, firmados por Sucre y sus cualidades de discreción, honorabilidad y acendrado patriotismo, fueron méritos para que se le confiara la delicada misión de comunicar al gobierno de Lima, el triunfo obtenido.

El estricto cumplimiento de su misión, hizo que pudiera añadir un galón más a asu casaca, y así, en la flor de la vida, cuando alboreaba, con tan brillantes destellos, su carrera gloriosa, ostentando gallardamente el uniforme de teniente, supo probar que no se había extinguido en su espíritu, el prestigio y la fama de sus ascendientes, con el brioso arresto que iniciando un triunfo, le ocasionó la muerte, dejando su nombre inscrito al lado de los más famosos de nuestra historia.

Texto: 

Revista Hogar, año N° 17, mayo de 1920  


Centro de Estudios Histórico - Militares del Perú
Teniente Miguel Cortés
Imagen: Centro de Estudios Histórico - Militares del Perú

domingo, 17 de noviembre de 2024

6. Mariscal José de La Mar

El mariscal José Domingo de La Mar y Cortázar nació en Cuenca, actual Ecuador un 12 de mayo de 1778. Ingresó como cadete y luego llegó a ser subteniente de infantería en el Regimiento de Saboya, una de las unidades externas del ejército regular español. En 1794, participó en la lucha contra Francia, durante la primera coalición (1792 – 1797) que las potencias europeas crearon contra la revolución francesa. En esta campaña obtuvo el grado de capitán por el año de 1795.

Posteriormente, durante la invasión napoleónica de 1808, José de La Mar era ya teniente coronel. En ese grado, asistió al sitio de Zaragoza bajo las órdenes del general Palafox. En esta acción resultó herido, luchando en el fuerte San José (, muy cerca del que por ese entonces era el teniente coronel de artillería José de la Serna, futuro virrey del Perú y con quien lucharía en la batalla de Ayacucho 16 años después.

Repuesto de sus heridas, pasó al reino de Valencia. En esta ciudad luchó contra el cerco creado por el ejército francés del mariscal Louis Gabriel Suchet, a quien el emperador Napoleón Bonaparte consideraba su mejor general. El asedio se produjo entre los meses de octubre de 1811 – enero 1812, cuando finalmente la ciudad se rindió luego de una prolongada lucha. Los oficiales fueron aprisionados y llevados a Francia. 
























Meses después el comandante José de La Mar logró escapar y regresar a España donde fue condecorado por su valor y ascendido al grado de brigadier, recibiendo el despacho de Inspector General de Artillería del Virreinato del Perú (Gayoso, 1938). De esta manera, el experimentado oficial llegó a Lima en 1815 para ejercer este importante cargo militar. La información disponible sugiere que su antigüedad era muy próxima a la del virrey Pezuela y que de darse el caso, debía seguir el mando del virreinato (Gayoso, 1938).

A la llegada de la Expedición Libertadora del Sur y el repliegue del ejército realista, el mariscal de campo José de La Mar (grado inmediato a brigadier) se mantuvo en el Real Felipe al mando de la guarnición hasta que finalmente decidió rendirse y pasar al retiro en setiembre de 1821, entregando su grado al general San Martín quien lo convocó a ser parte del bando patriota, otorgándole el grado de general de división. En marzo de 1822, luego de prestar importantes servicios al Perú, recibió el grado de Gran Mariscal de los ejércitos nacionales. Luego del retiro del general rioplatense, el Gran Mariscal José La Mar fue nombrado miembro de la Junta Gubernativa, desde el cual promovió el inicio de la primera campaña a Puertos Intermedios. 

Al arribo de Simón Bolívar, el mariscal José de La Mar se encontraba en Guayaquil. Debido a su prestigio y formación, el Libertador no dudó en convocarlo a comandar la División Peruana a la cual dirigió a las campañas de Junín y Ayacucho. En esta última batalla, se dice que fue él quien eligió y recomendó la ubicación del Ejército Unido Libertador en la Pampa de Ayacucho para hacer frente a los españoles. 

Durante el combate, el mariscal La Mar hizo frente al avance de la temida y bien pertrechada vanguardia realista al mando del general Jerónimo Valdéz. Esta disposición parece que no fue al azar, Valdéz había identificado a la división peruana como la más débil del ejército libertador, por ser recién conformada. A esto se sumó el hecho que algunos oficiales ya habían luchado contra el general español, en las campañas anteriores con adversos resultados. Valdéz posiblemente pensó que podría atacar a la división peruana, obteniendo el mismo resultado que en las campañas a Puertos Intermedios. Ese día, el liderazgo y conocimiento táctico del mariscal La Mar permitió que la división peruana resistiera el embate de las mejores tropas del ejército realista. En un momento determinado del combate, los peruanos se vieron envueltos por el ataque y tuvieron que retroceder, recibiendo el socorro de los guerrilleros y la caballería de los húsares de Junín. 


Mariscal José de La Mar, S/f. Museo de Arqueología, Antropología e Historia del Perú.