Nació en Piura, el 29 de setiembre de 1803. Hijo menor del matrimonio del regidor perpetuo de Piura don Antonio Cortés y Zorrilla y de la señora doña María Josefa de Castillo y Talledo; fueron sus abuelos paternos, don Tomás Cortés y Santelices y doña Carmen Zorrías; los maternos don Miguel Serafín del Castillo, alcalde perpetuo de Piura, y la señora doña María Eufemia Talledo y Torquemada, sus bisabuelos, el general Alonso Cortés y Mancha, hijo de don Pedro Cortés Monroy y de doña Inés Mancha Benites, y de doña juana Santelices, naturales de la Manchita de Extremadura y comprobados descendientes del conquistador de México, Hernán Cortés y Pizarro. Fue hermano de don Miguel, don Tomás Cortés, que tuviera parte principal en la independencia de Piura.
Noble, de limpia sangre azul y rancios pergaminos, Miguel cortes fue un niño mimado, á quien sonreía la vida. En un severo ambiente de señoría y religiosidad, transcurrieron los alegres días de su infancia. Cuando las huestes gloriosas de San Martín desembarcaron en Paracas, resueltos a consumar la obra de la libertad del continente americano, dando independencia al emporio del poderío de España: el Perú, Miguel Cortés, que era aun niño, que apenas contaba sus 18 primaveras, sintió en su alma juveni, abierta a los nobles impulsos y á las generosas empresas, vehemente deseo de ofrendar su vida, en holocausto á su patria, alistándose en las filas de los héroes de la emancipación.
En espera de una ocasión para realizar su anhelo, ésta no tardó en presentarse, cuando, en de enero de 1821, un puñado de patriotas, sin disparar un solo tiro, solamente con el fuego de su verbo y con la entereza de sus espíritus, juraron en Piura la independencia peruana, á ejemplo de Trujillo, Cajamarca y Lambayeque, y muchos días antes que en la capital, Cortés que fue de los primeros en adherirse á este movimiento liberatorio, sentó plaza de cadete en el cuerpo de milicianos, que comandó el capitán Piurano, don Miguel Jerónimo Seminario y Jaime, y marchó a alistarse en el ejército unido que en Pichincha, bajo las órdenes del inmortal mariscal de Ayacucho, don Antonio José de Sucre, diera á la causa americana un día de inmarcesible gloria. Su valeroso comportamiento en la batalla, le valió sus despachos de subteniente de caballería, firmados por Sucre y sus cualidades de discreción, honorabilidad y acendrado patriotismo, fueron méritos para que se le confiara la delicada misión de comunicar al gobierno de Lima, el triunfo obtenido.
El estricto cumplimiento de su misión, hizo que pudiera añadir un galón más a asu casaca, y así, en la flor de la vida, cuando alboreaba, con tan brillantes destellos, su carrera gloriosa, ostentando gallardamente el uniforme de teniente, supo probar que no se había extinguido en su espíritu, el prestigio y la fama de sus ascendientes, con el brioso arresto que iniciando un triunfo, le ocasionó la muerte, dejando su nombre inscrito al lado de los más famosos de nuestra historia.
Texto:
Revista Hogar, año N° 17, mayo de 1920
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| Teniente Miguel Cortés Imagen: Centro de Estudios Histórico - Militares del Perú |

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